Género ad honorem
Con certeza puedo decir que no fue falta de creatividad lo que los llevo a sacar un nombre al azar de una bolsa para bautizarme. Personalmente lo defino como simpleza y practicidad, visión de vida que fue estandarte por parte de ambos a la hora de educarme.
Cuando una mujer crece en un mundo donde lo que se espera de su parte es romanticismo y dulzura ante la vida, hay un sinnúmero de paradigmas que romper cuando ella tiene otras cosas que ofrecer. Aparentemente la practicidad y simpleza por demanda popular o cultura general se han asociado al cromosoma Y, por ende de una u otra forma siempre termino con la etiqueta de ser una niña bastante niño. Viendo las cosas en perspectiva la etapa de jugar con muñecas no fue mi fuerte ni el rosado mi color. Sin embargo, dejando los estereotipos de lado, una podría pensar que ya para el 2011 nuestras culturas estarían un poco más acostumbradas a que la variedad haya permeado inclusive al seno de lo que nos puede definir como hombres o mujeres. Entiendo que no son ignorables los estudios que establecen características de personalidad atadas a las diferencias de género, pero me rehúso a verlas como totalitarias.
Teorías sobre el por qué me siento generalmente más cómoda interactuando en XY que en XX pueden ser muchas. Sea cual sea el caso no me molesta ser descrita como una niña bastante niño. Jugar esa carta, de vez en cuando, tiene lo suyo. Es ventajoso poder tener un poco de ambas perspectivas sin los prejuicios que se atan de por medio, y finalmente, para aquellas a quienes les “aqueja el mismo mal”, no se aflijan señoras: al final del día siempre habrán otros atributos que podrán demostrar lo contrario.
