Ingeniería de vuelo
Pasar de un aula de cinco estudiantes a un auditorio de mil personas fue una transición poco disfrutable, pero totalmente necesaria para graduarme a tiempo. La ingeniería del vuelo de las aves no era el tema más sencillo de digerir pero tenía su encanto: ángulos, composición, anatomía, plumas, despegue y descenso. Había sido un semestre complicado pero el momento de poner a prueba lo aprendido había llegado y tocaba hacer de tripas chorizo. El auditorio se lleno de caras ansiosas e ingenuas que pensamos en lucirnos con nuestra nota final.
Error.
Una a una las caras de todos en ese auditorio se volvieron tornasol. El examen se distribuyó sólo para percatarnos de que a pesar de que la ingeniería del vuelo de las aves es un milagro aeronáutico, el hombre a cargo de la clase había decidido que nuestro conocimiento de seis meses iba a ser resumido en una única actividad: diez fotos de alas y patas de aves para su respectiva identificación. Nombre popular, nombre científico, nos fuimos al carajo.
Treinta minutos de sufrimiento fueron suficientes para que la frustración y los exámenes se fueran apilando en el escritorio del autor. Todos hubiéramos querido vocalizar el enojo, pero nadie lo hubiera logrado hacer con tanta clase como él.
Con jeans rotos y gorra roja, un alumno del montón, bajó las gradas con el examen bajo el brazo y le cuestionó con gritos e insultos la osadía de minimizar un semestre de conocimiento a diez pares de patas. Insólito. Todos levantamos la cabeza y sostuvimos la respiración. El profesor molesto, procedió a pedirle su nombre y apellido. El alumno por su parte, sin perder su caché, se agachó, se subió el jeans hasta la rodilla y le dijo:
“Tiene un semestre de verme las piernas, dígame usted como me llamo yo”.
Abrió la pila de exámenes, metió el suyo en medio de todos y se fue.
Nunca sabré su nombre ni que tan bien parado salió con la nota final de Ingeniería de Vuelo. Al día de hoy tengo mis dudas sobre si se dieron consecuencias o no a raíz de su protesta. Una única cosa tengo claro: desde mi perspectiva, y la de todos los estudiantes que le aplaudimos el acto, este alumno cualquiera, de piernas peludas, no caminó, voló.